Somos tanto y no somos nada.

Volvemos a caer en el mismo error una y otra vez. Volvemos a tropezar con la misma piedra. Los seres humanos somos seres imperfectos, vemos el peligro y aún así seguimos caminando hacia él, porque creemos que lo tenemos todo controlado, pero al final nada cambia y todo sigue igual. La tentación nos juega malas pasadas, nos controla, nos maneja y nos dirigeccca12e93f876ca7595f33ebdcfff13a hacia el sitio donde prometimos no volver. Es como un mecanismo automático que actúa involuntariamente, que no se detiene a razonar, que no se para a pensar en las consecuencias porque eso significaría ponerle freno y acabar con todo. Es inevitable, una fuerza incontrolable que nos une cada vez más. Como dos volcanes a punto de estallar, dos almas llenas de fuego. Nos empeñamos en volver a lanzarnos al vacío, en volver a arriesgarlo todo sin saber lo que nos espera detrás, o quizá intentamos no verlo porque no podemos desatar nuestras manos por muy lejos que estemos, ni evitar la magia que se desprende en cada roce de nuestra piel.

Somos dueños de un corazón indomable y rebelde que insiste en seguir persiguiendo imposibles. Y no hay nada ni nadie que le haga dejarlo todo, porque gane o pierda no dejará de luchar nunca hasta la batalla final.


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